24 Dic 1999
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MIENTRAS que la Masonería no pasa hoy de ser un triste reflejo de lo que fue -feneciendo de lenta muerte en el asfixiante lazo de sus propias contradicciones-, el que un día fuera su objetivo preferente, el papa Pío IX -Giovanni Maria Mastai Ferretti, nacido el 13 de mayo de 1792 y elegido Pontífice el 16 de junio de 1846, al que atacaron los masones con la inaudita violencia propia de un poderoso e implacable Estado en la sombra- sigue ganando batallas después de muerto.
En efecto, al igual que ocurre con la memoria de su sucesor Juan XXIII, la de Pío IX sólo espera que se dé el pistoletazo de salida al año 2000 para subir también a los altares, con su milagro médicamente certificado y todo. Quién lo iba a haber predicho, por ejemplo, en abril de 1848, cuando, a la vista de la fuerte hostilidad de la Masonería contra todo lo que tuviera machamo católico, Pío IX se distanció de los patriotas italianos radicales, quienes le habían saludado en el momento de su accesión al solio pontificio y en el de las reformas posteriores, pero que después se lanzaron en tromba contra él. Quién, en efecto, lo habría aventurado al año siguiente, cuando el Papa se vio empujado a trasladarse a Gaeta por culpa de las insurrecciones y de la proclamación por Mazzini y su gente de la República Romana, entre saqueos y expolios artístico-religiosos que pudieran compensar el apoyo económico de los masones británicos. Quién, cuando se le despojó de las regiones de Las Marcas, la Romaña y hasta de la misma Roma (toma de Porta Pia el 20 de septiembre de 1870, fecha declarada festividad anual para la Masonería italiana). Quién, en fin, cuando durante la noche del 12 al 13 de julio de 1881, al paso de su cortejo fúnebre, los masones se arrojaron sobre su féretro profiriendo blasfemias y obscenidades y lanzando piedras, con el intento final de arrojarlo al Tíber, lo que no pudieron lograr merced al intrépido empeño de los católicos romanos por proteger los restos mortales de su bienamado Papa (con él, en efecto, surgió la devoción popular por los Sumos Pontífices y la costumbre de colocar sus retratos en las paredes, cómodas o aparadores de los hogares católicos).
Sobre los disparates perpetrados
por los masones radicales -básicamente, la rama atea tipo Gran Oriente
Francés y sus clónicos- contra la Iglesia, y en especial
la española, ya me extendí lo suficiente en su día
(Masones).
Ahora sólo quisiera transcribir, en honor al beatífico recuerdo
del gran Papa que nos ocupa, unos textos que acaba de difundir la agencia
católica "Zenit", cercana a la Santa
Sede:
<<En
1854, proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción y, en
el primer
Concilio
Vaticano (1869-70), el dogma de la infalibilidad papal. En
1864, promulgó
la encíclica «Quanta cura»,
con el anexo del «Sillabus»,
una lista
de enseñanzas prohibidas, con la que la Iglesia condenaba los
errores
del momento y conceptos liberales e iluministas>>. [El
que
suscribe envió
a las news un artículo sobre la encíclica Quanta
Cura
y el Syllabus,
al que tituló Syllabus
y Quanta Cura, el hombre como
preocupación]
<<Los
documentos antimasónicos del Pontificado de Pío IX son unos
124 y
se subdividen
en 11 encíclicas, 61 cartas breves, 33 discursos y
alocuciones
y documentos de varios dicasterios eclesiásticos. Según Pío
IX, todos
los males que se abatieron en aquél tiempo sobre la Iglesia y
sobre la
sociedad provenían del ateismo y del cientismo del siglo XVII,
postulado
por la masonería y exaltado por la Revolución Francesa. En
la
encíclica
«Qui pluribus» (9/10/1849),
Pio IX habla de «hombres ligados
por una unión
nefanda» que corrompen las costumbres
y combaten la fe en
Dios y
en Cristo postulando el naturalismo y el racionalismo y, sobre
todo, poniendo
en marcha el conflicto entre ciencia y fe. Otro error
atribuido
a este círculo de pensadores es el hablar de progreso como un
mito y
contraponerlo a la fe. Ante estas acusaciones precisas, la
Masonería
reaccionó con un desdén violento. En primer lugar, convocó
un
«Anticoncilio
masónico, Asamblea de librepensadores» con la idea de
liderar
un movimiento internacional dedicado a combatir sin tregua al
Vaticano.
Entre los escritos que se difundieron para esta convocatoria
masónica,
había uno que decía «El
Anticoncilio quiere luz y verdad,
quiere ciencia
y razón, no fe ciega, no fanatismo, no dogmas, no
hogueras.
La infalibilidad papal es una herejía. La religión católica
romana es
una mentira; su reino es un delito».
En esta situación de
beligerancia
contínua, Pío IX no perdió el ánimo y siguió
su trabajo
para compactar
la Iglesia en torno a un principio de unidad. Atribuyó
gran importancia
a la espiritualidad popular, a la relación con los
santos,
especialmente a María a través del reconocimiento de las
apariciones
de La Salette y de Lourdes. Dio impulso a procesiones,
peregrinaciones
y todas las formas de piedad popular. En 1870, inauguró
un nuevo
modo de elección de obispos y prelados, elegidos no ya
preferentemente
entre los notables sino entre los sacerdotes comunes,
allí
donde se manifestasen los méritos pastorales. Su popularidad creció
enormemente.
Fue obstinado en no aceptar ningún arreglo con el Estado
italiano.
Murió el 7 de febrero de 1878, pero la Masonería trató
de
perseguirlo
encarnizadamente incluso tras la muerte>>.
P. d.: La Masonería -o
lo que apenas queda ya de ella- sigue perdiendo una tras otra las grandes
batallas de la Historia en todos los frentes, ante el empuje inerme, espiritual
y ético de la Iglesia católica. El otro día, un tal
Jorge Gaviño Ambriz, gerifalte máximo de la Gran Logia
Masónica del Valle de México, clamaba desconsolado y solicitaba
el auxilio de la todavía más decadente Teología de
la Liberación, porque Juan Pablo II continúa
beatificando a los mártires de la famosa guerra cristera. Se trata
del conflicto de primeros de siglo en el que las masas católicas
indígenas y populares de México se levantaron frente a la
arbitrariedad de una burguesía criolla y masona, servil a los dictados
del gran vecino del Norte, que proscribía su religión con
la no confesada intención, entre otras, de proseguir su labor explotadora
sin la molesta traba de la Iglesia y su moral de distribución y
justicia. Algo increíble y antihistórico -la imposición
de una Constitución atea a una población con más del
95% de católicos que hacen de México la gran nación
católica entre todas las del mundo-, tapadera de una realidad de
explotación salvaje y brutales desigualdades, que hoy constituyen
hoy el triste legado social de las naciones iberoamericanas tras el logro
de su independencia y su definitiva caída en manos de esas innobles
élites.
Re:
Pío IX y la Masonería
25 Dic 1999
I. P. escribió:
>
¡...[blasfemia]...!
¡El complot judeomasónico a escena!
Qué va, es sólo historia. En fin, no lo entenderías...
31 Dic 1999
C. escribió:
>
En España son poco visibles, supongo que debido en parte a cuarenta
>
años de persecucion, pero no te engañes, en politica hay
más masones
>
de lo que se dice y se publica. Hubo el famoso escandalo de Mario
>
Conde, pero eso fue una anécdota pasajera. La presencia masónica
en la
>
vida socio-politica existe, aunque seguramente no nos enteraremos del
>
todo hasta dentro de unos cuantos años.
Es verdad. Me temo que me pasé de optimista en mi primer mensaje.
>
También tienen el problema adicional de que están bastante
divididos,
>
sobre todo en dos grandes ramas: la regular (de rito escoces tradicional
>
y conservadora) y la irregular (vinculada a Francia y mas secular y abierta).
>
Esto dicho a grandes rasgos, la realidad es mas compleja.
>
>
Por cierto que el funeral del antiguo Gran Maestre del Oriente Español
>
se celebró hace un par de años en la renombrada iglesia católica
de
>
Santa María del Mar de Barcelona, poniendo en entredicho la famosa
>
"guerra" entre masones y católicos. Este funeral fue muy comentado
en
>
Barcelona y ayudo a derribar muchos mitos. Las cosas están cambiando...
Es imposible que cambien las
cosas. Que el famoso funeral de Barcelona existió, pues allá
ellos con sus contradicciones. Pero la imposible convivencia no se hará
realidad jamás, lo diga el padre Ferrer Benimeli,
lo digan todos los grados 33 a coro, lo diga Salomón bendito. Sólo
en el terreno de la doctrina, antes tendría la Masonería
universal que cambiar radicalmente el rito del cuarto grado (el grado supremo,
el del Arco Real, absolutamente común a todas las
obediencias). Lo comenté una vez en las news refiriéndome
a la inglesa:
«Es una palabra compuesta, y la combinación forma la palabra JAH-BUL-ON».
El propio orador explica, acto seguido, que no es más que un sincretismo entre el Dios judeo-cristiano -al que nosotros confesamos como verdadero-, y dos divinidades más: Baal, siriaca, y Osiris, egipcia, que en repetidas ocasiones han sido identificadas por los Santos Padres con el mismo Satanás.
Al respecto de la ilusoria convivencia, ya se manifestó en mayo de 1990, por ejemplo, la Conferencia Episcopal del Océano Índico:
La Conferencia
ha reafirmado enérgicamente la incompatibilidad de pertenecer a
la Masonería y a la Iglesia católica... En nuestra región
asistimos en la actualidad a esfuerzos de presentación y de vulgarización
de la Masonería bajo las diferentes denominaciones... La campaña
de los medios de comunicación social presenta a la Masonería
como una dinámica de iniciación para el desarrollo del hombre
y la armonización de la sociedad a través de la espiritualidad
y la ayuda recíproca. Pero hay incompatibilidad. La perfección
masónica y la perfección cristiana son diametralmente opuestas.
(En "30
Giorni", 7/7/1990)
[Más sobre este papa en Retablo de
Pío IX y los judíos]
M. Á.
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¤ "Non praevalebunt..." ¤
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http://personal5.iddeo.es/magolmo
| Cordial homenaje que dedico
a Jesucristo y a la Iglesia católica
|______Porque no todos los
días se cumplen 2.000 años...†