«Este
Papa es un misterio. Un hombre del misterio. Del misterio que él
es y del misterio del que da testimonio. Juan Pablo II es agudamente consciente
del misterio que lleva con él y cuya raíz úlitma consiste
en ser testigo de Dios. Y siente pasión por el ser humano».
(Joaquín
Navarro-Valls, noviembre de 1999)