«Soy
hijo de este siglo, hijo de la incredulidad y de las dudas, y lo seguiré
siendo hasta el día de mi muerte. Pero mi sed de fe siempre me ha
producido una terrible tortura. Alguna vez Dios me envía momentos
de calma total, y en esos momentos he formulado mi credo personal: que
nadie es más bello, profundo, comprensivo, razonable, viril y perfecto
que Cristo. Pero además -y lo digo con un amor entusiasta- no puede
haber nada mejor. Más aún: si alguien me probase que Cristo
no es la verdad, y si se probase que la verdad está fuera de Cristo,
preferiría quedarme con Cristo antes que con la verdad».
(Fiodor
Dostoievski)
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