''¡Campanada de las células estaminales adultas!'', deberían
haber gritado los titulares. ''¡Impactante descubrimiento podría
hacer innecesaria la investigación con embriones!'' Desgraciadamente,
con la notable excepción de una portada en el ''Boston Globe'',
los medios generalistas han menospreciado de manera significativa este descubrimiento
científico potencialmente emocionante.
A finales del año pasado, la revista médica ''Blood''
recogió el trabajo de la doctora Catherine M. Verfaillie y de otros investigadores
del Stem Cell Institute de la Universidad de Minnesota. Descubrieron una forma
de conseguir que una célula adulta de la médula ósea exhiba
muchos de los atributos que supuestamente hacen irremplazables a las células
estaminales embrionarias para desarrollar futuras terapias médicas ''milagrosas''.
Aunque todavía queda mucha investigación por hacer, estas ''células
madre adultas multipotentes'' parecen ser versátiles, es decir, capaces
de transformarse en distintos tipos de tejidos. (En un cultivo, las células
pueden dirigirse para que produzcan tejido de músculos, cartílagos,
huesos, hígado o distintos tipos de neuronas en el cerebro). También
son maleables, es decir, que esto lo pueden hacer con relativa facilidad. También
muestran la ''inmortalidad'' que se valora en la células embrionales,
es decir, parecen capaces de ser transformadas en líneas celulares que
puedan mantenerse indefinidamente. Al mismo tiempo, estas células adultas
no parecen presentar el grave peligro asociado con las células embrionarias:
la tendencia a crecer incontrolablemente causando tumores o incluso cánceres.
Todo esto debería verse como una gran historia para contar, sobre todo
si tenemos en cuenta la intensa controversia sobre la investigación con
células estaminales y el próximo intento en el Senado de los EEUU
de prohibir la clonación humana. En cambio, el ''New York Times''
y el ''Washington Post'' consideran la investigación con células
embrionarias tan importante -incluyendo la fabricación y uso de embriones
humanos por clonación para estos experimentos- que ambos han dedicado
sus editoriales en repetidas ocasiones a favor de poner el turbo y lanzarse
a toda velocidad en esta aventura inmoral.
Sin embargo, cuando ha salido a la luz el descubrimiento potencialmente crucial
de unas células adultas que harían innecesaria la destrucción
de embriones y la clonación ''terapéutica'' -y justo cuando
los EEUU están a punto de prohibir la clonación de embriones humanos-
la historia es minusvalorada, con la única excepción del espléndido
artículo del ''Boston Globe''.
La historia del ''New York Times'', escrita por Nicholas Wade y Sheryl
Gay Stolberg estaba bien escondida dentro del diario (página 14), bajo
el título ''Científicos anuncian una célula adulta
versátil''. Si bien el titular y la descripción del Times
se centraba en los hechos reales, no aportaba muchos de los detalles significativos
que se podían leer en el ''Boston Globe'', con lo que la historia
perdía mucho empuje.
El ''Washington Post'' suavizaba la importancia de la historia en un
artículo de Rick Weiss en la página 8. Titulado ''Hallazgos
intensifican discusiones en el senado sobre clonación humana'', apenas
describe el descubrimiento en sí. La primera mención viene en
el cuarto párrafo que se centra sobre todo en una declaración
de la doctora Verfaillie que quita leña a su propio descubrimiento, diciendo
que no interfiere con la agenda pro-clonación y pro-experimentación
con células de embriones. De hecho, el reportaje del ''Washington
Post'' se basa en exponer las razones por las que este descubrimiento no
debería detener las investigaciones que destruyen embriones.
La noticia también fue tratada con relativa brevedad en las noticias
por cable y en un reportaje mucho mejor en la revista ''New Scientist''.
En cualquier caso, con una cobertura tan débil, es improbable que las
nuevas del descubrimiento reciban la atención televisiva necesaria para
que una noticia adquiera masa crítica. Como resultado, la mayoría
de los estadounidenses probablemente nunca oigan o sepan su importancia potencial.
No es la primera vez que un gran descubrimiento sobre células adultas
es despreciado por los medios de comunicación. De hecho, podemos descubrir
la pauta que se ha desarrollado cuando la prensa generalista trata estos temas.
Los descubrimientos científicos relacionados con células embrionarias
generalmente reciben un tratamiento a bombo y platillo, con portadas completas
que permiten el salto a las todopoderosas noticias de televisión. Sin
embargo, puedes oír a los grillos haciendo ''cri-cri'' cuando
los científicos anuncian un descubrimiento con células adultas
o, como en el caso del Post, el reportaje pone más énfasis en
explicar por qué el nuevo descubrimiento no debe detener la investigación
que destruye embriones. Hay muchos ejemplos de este fenómeno. He aquí
unos cuantos:
El 19 de julio del 2001, la revista de la Harvard University anunció
que unos ratones con diabetes del tipo 1 (un desorden autoinmune) se habían
curado de su diabetes completamente usando células adultas. Esto se consiguió
destruyendo las células responsables de la diabetes, tras lo cual las
propias células estaminales adultas de los animales sustituyeron las
células eliminadas por tejidos sano. La doctora Denise Faustman declaró
que si la terapia funcionase con los humanos ''seríamos capaces de
reemplazar órganos y tejidos dañados usando células estaminales
adultas, y eliminando así, al menos temporalmente, la necesidad de cultivar
y trasplantar células estaminales de fetos y embriones''.
Si este logro -la cura completa de una devastadora enfermedad- se hubiese obtenido
usando células embrionarias, los titulares parecerían los de una
guerra. Pero no conozco ningún medio generalista, de prensa o electrónico,
que publicara la historia.
El 15 de junio del 2001, el ''Globe and Mail'' (de Canadá) publicó
una historia maravillosa que podría dar mucha esperanza a la gente con
daños en la médula espinal. Unos doctores israelíes trataron
a la parapléjica Melissa Holley, de 18 años, que quedó
minusválida cuando su médula espinal se rompió en un accidente
de coche. Después de que los investigadores la inyectaran con sus propios
glóbulos blancos, ella recuperó la habilidad de mover sus pies
y controlar su vejiga. Este es el tipo de terapia que los defensores de las
células estaminales embrionarias sólo pueden imaginar para dentro
de 10 años. Pero se ha conseguido aquí y ahora y sin embargo no
conozco ningún reportaje sobre ello excepto el del ''Globe''.
En Diciembre del 2001, ''Tissue Engineering'', una revista especializada,
publicó que los investigadores creen que podrán usar las células
encontradas en la grasa para reconstruir huesos. Los investigadores están
a punto de empezar estudios intensivos con animales. Si esto funcionase, gente
con osteoporosis y otras condiciones degenerativas de los huesos podrían
beneficiarse significativamente. Sin embargo, excepto una aparición en
una revista digital de noticias de salud, no he visto nada sobre esto en la
prensa generalista.
Todo esto nos lleva a una pregunta intrigante: ¿Por qué hay mucho
menos interés en las historias de éxitos de células adultas
u otras alternativas que el que se exhibe cuando hay avances con células
de embriones? Después de todo, ''la ciencia'', que es lo que
importa, debería dar como mínimo la misma importancia a estos
descubrimientos que a los de células embrionarias. Pero esta es la cuestión:
no creo que sea la ciencia el criterio que rige la extensión o profundidad
de la atención mediática. El criterio rector es la cultura de
los medios.
No es ningún secreto que la mayoría de los miembros de los medios
de comunicación son políticamente liberales y se adhieren a una
visión del mundo racionalista y materialista. También son, por
lo general, emocionalmente pro-elección en lo referente al aborto. Como
los temas de clonación e investigación con embriones nos obliga
a plantearnos si la vida humana tiene un valor intrínseco simplemente
por ser humana, los periodistas tienden a ver estos temas a través del
prisma distorsionador del aborto.
Esto es muy desafortunado. En realidad el aborto es irrelevante para este debate.
La razón legal por la que el aborto se permite es para impedir que la
mujer esté forzada a hacer con su cuerpo lo que no desea hacer: es decir,
gestar y dar a luz. Pero en la clonación y la investigación embrionaria
a ninguna mujer se le pide que haga nada con su cuerpo.
Esta es una razón que explica por qué gente a ambos lados del
tema del aborto se oponen a la investigación con embriones y a la clonación
humana. Por ejemplo, Judy Norsegian (autora del libro feminista ''Our Bodies
Ourselves'' (Nuestros cuerpos nosotras mismas) y el defensor de la política
liberal Jeremy Rifkin, ambos se oponen a la clonación reproductiva y
la terapéutica.
Pero este hecho es ignorado. Y así las fuentes que los medios de comunicación
usan para presentar el caso contra la clonación y la investigación
con embriones son personas que se puedan tachar con la etiqueta de ''oponentes
del aborto''. Así, parece que la misma dinámica que lleva
al ''New York Times'' y otros medios a no usar el término ''aborto
por parto parcial'' (cuando se trata ese tema) está también
en activo en las decisiones editoriales sobre como tratar este otro.
Creo que otra parte de la explicación de por qué la investigación
con células adultas apenas aparece en la prensa es la obsesión
de los medios por las ''credenciales''. Cuando unos científicos
dicen que las células estaminales embrionarias ofrecen muchas más
esperanzas para futuras terapias que las células adultas, los periodistas
miran a sus curricula vitae y les creen de todo corazón. Nunca piensan
que estos portavoces de la biotecnología puedan estar tan condicionados
ideológicamente como los ''sospechosos habituales'' del movimiento
pro-vida que se oponen a ello. Y tampoco se paran a pensar que los sueldos de
algunos de estos científicos dependen de que se sigan financiando la
clonación y la investigación con embriones.
Los periodistas tampoco se dan cuenta de que los acontecimientos han desmentido
una vez tras otra las repetidas afirmaciones de estos portavoces de que las
futuras terapias celulares no podrán derivarse más que de fuentes
embrionarias. Y tampoco reparan en que la Comisión Consultiva Nacional
de Bioética, que al principio pidió al gobierno del presidente
Clinton que financiase la investigación con células de embriones,
declaró que era ''justificable sólo si no hay alternativas
moralmente menos problemáticas para hacer avanzar la investigación'',
condición que seguramente ahora cumplimos.
Y olvidan también que la Gran Biotec tiene la misma agenda pro-beneficios
que la Gran Tabaquera o la Gran Petrolera, industrias que la prensa sí
vigila con ojo crítico y escéptico. Los múltiples títulos
universitarios y las credenciales racionalistas y materialistas hacen parecer
más ''verdadero'' lo que dicen los investigadores ''biotec''
que cualquier cosa que puedan argumentar sus oponentes, no importa cual sea
la evidencia real.
Para terminar, hay que recordar que las disputas sobre políticas públicas
suelen reducirse a dinero. A menudo, los periodistas no encuentran historias,
sino que las historias encuentran a los periodistas. Así es como las
empresas de relaciones públicas se ganan el sueldo: cobran bien por avisar
a los periodistas de las historias que quieren sus clientes. En esta lucha,
los bolsillos bien provistos de la Gran Biotec casi garantizan que la cobertura
mediática esté inclinada a favor de destruir embriones en experimentos
y permitir la creaciones de clones humanos para investigar con ellos.
(Este artículo está publicado en inglés el 4-febrero-2002
por Human Life International